LAS DOS INDIGENTES DE LA CALLE ANCHA Ayer empezó a dibujarle en el brazo. Me parece a mí que la mariposa de henna que le estampó era muestra de cariño y sueño de libertad a partes iguales. Al pasar la barca les dijo el barquero que ellas si pagaban y en la orilla se quedaron hará ya un año. Asi, como en tierra de nadie, desahuciadas de todo sesgo de dignidad. De madrugada se las ve abrazadas en mitad de una ingeniería de cartones con la indiferencia pasándoles por delante. Solo el petricor de la primera lluvia del día consigue a duras penas desperezarlas una pizca de su mala pesadilla. Quieren imaginar que hoy la moneda caerá por el lado bueno.

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