LAS DOS INDIGENTES DE LA CALLE ANCHA
Ayer empezó a dibujarle en el brazo. Me parece a mí que la mariposa de henna que le estampó era muestra de cariño y sueño de libertad a partes iguales. Al pasar la barca les dijo el barquero que ellas si pagaban y en la orilla se quedaron hará ya un año. Asi, como en tierra de nadie, desahuciadas de todo sesgo de dignidad. De madrugada se las ve abrazadas en mitad de una ingeniería de cartones con la indiferencia pasándoles por delante. Solo el petricor de la primera lluvia del día consigue a duras penas desperezarlas una pizca de su mala pesadilla. Quieren imaginar que hoy la moneda caerá por el lado bueno.
CASA AMPARO Sus textos serán insufribles. El menú a tiza se escribirá con faltas en la pizarra: patatas a la importancia, cazón en adobo, y flan de café. La ensalada, igual que el verbo, poco ilustrada. Por siete euritos es lo que hay. El San Jacobo subió a los altares hará unos años. Las angulas de pobre se dejaron ver en alguna ocasión. Cuando asoma en la comanda el bonito en escabeche es un día de fiesta. Pero si se acercan sabrán que los parroquianos suspiran por los guisos y favores diarios de doña Amparo. En su regazo se sienten en casa.
Más real de lo que imaginamos
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