Armario o cornisa. El porvenir de un calcetín desparejado y único es incierto. Retornar humillado a uno de los cajones de la incómoda cómoda siendo la risa de todos o deslizarme al abismo dejando que el viento haga a su antojo con las entretelas de mi acrílica existencia. Caprichitos de la moda, mi color es de un indiscreto fucsia. No quisiera por nada del mundo acabar en la basura, atrapado en entre cáscaras de huevo y pelusas de mopa. Tendré suerte porque el gato me ha hecho suyo bajo amenazas de lanzarme a la calle. Acabar encajado en la punta de una farola será el menor de los males.
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Mostrando entradas de agosto, 2024
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ELLA Cogí semillas de zanahorias y me puse a sembrar. A mis espaldas el gato Moñoño deshacía curioso mi trabajo mientras escarbaba con deseo de buscar algo interesante que echarse a los bigotillos. De un zarpazo empezó a rasgar una bolsita enterrada que malamente pude quitar de entre sus patas conteniendo papel mojado con la tinta diluida por la humedad del suelo. Aún habiendo transcurrido treinta años, de inmediato reconocí la letra. Tal como ella de discreta y diminuta. En el reverso de la fotografía unas palabras que me reservo hicieron que la añorase un poco más aún. Tanto que ni yo lo creía posible.
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LAS DOS INDIGENTES DE LA CALLE ANCHA Ayer empezó a dibujarle en el brazo. Me parece a mí que la mariposa de henna que le estampó era muestra de cariño y sueño de libertad a partes iguales. Al pasar la barca les dijo el barquero que ellas si pagaban y en la orilla se quedaron hará ya un año. Asi, como en tierra de nadie, desahuciadas de todo sesgo de dignidad. De madrugada se las ve abrazadas en mitad de una ingeniería de cartones con la indiferencia pasándoles por delante. Solo el petricor de la primera lluvia del día consigue a duras penas desperezarlas una pizca de su mala pesadilla. Quieren imaginar que hoy la moneda caerá por el lado bueno.
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URBEX Igual que un gato apurando sus siete vidas yo me jugué la última mía al colarme en aquella vieja ermita abandonada a la que tantas ganas tenía. Tras una maraña de bancos y reclinatorios apiñados, pude ver cercanos al altar los hábitos de color blanco de lo que parecían unos frailes dominicos que parecían ejecutar un poco decoroso ritual de profanación. A saber de que secta o frenopático se habrían escapado. Al girarse uno de ellos mostrando rasgos desencajados hizo ademán de venir en herética carrera hacia mi persona al tiempo que al iniciar mi carrera golpeé el soporte de un viejo púlpito de madera carcomido por el tiempo y el abandono que cedió a mi paso. Con suerte pude zafarme antes de que todo se viniera abajo. Aún así, mi gusto por explorar edificios derruidos, al modo Urbex, aún sigue intacto.
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PARO PATRONAL EN LOS INFIERNOS Mientras ellos discutían, el resto de demonios intentaba calmarles. Harto de la desleal competencia de los humanos parte el gremio de Pedro Botero se planteaba declarar el paro patronal. Tanta maldad suelta 4.0 obligaba a reconducir la situación dando un golpe sobre la mesa. Que cada palo aguantara su vela. Entretanto, un diablillo ajeno a todas aquellas reivindicaciones, en su realismo mágico se metía entre pecho y espalda una ración de magras con tomate; total, votaran lo que votaran el mundo tampoco iba a cambiar en demasía...