ELLA
Cogí semillas de zanahorias y me puse a sembrar. A mis espaldas el gato Moñoño deshacía curioso mi trabajo mientras escarbaba con deseo de buscar algo interesante que echarse a los bigotillos. De un zarpazo empezó a rasgar una bolsita enterrada que malamente pude quitar de entre sus patas conteniendo papel mojado con la tinta diluida por la humedad del suelo. Aún habiendo transcurrido treinta años, de inmediato reconocí la letra. Tal como ella de discreta y diminuta. En el reverso de la fotografía unas palabras que me reservo hicieron que la añorase un poco más aún. Tanto que ni yo lo creía posible.
CASA AMPARO Sus textos serán insufribles. El menú a tiza se escribirá con faltas en la pizarra: patatas a la importancia, cazón en adobo, y flan de café. La ensalada, igual que el verbo, poco ilustrada. Por siete euritos es lo que hay. El San Jacobo subió a los altares hará unos años. Las angulas de pobre se dejaron ver en alguna ocasión. Cuando asoma en la comanda el bonito en escabeche es un día de fiesta. Pero si se acercan sabrán que los parroquianos suspiran por los guisos y favores diarios de doña Amparo. En su regazo se sienten en casa.
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