ELLA Cogí semillas de zanahorias y me puse a sembrar. A mis espaldas el gato Moñoño deshacía curioso mi trabajo mientras escarbaba con deseo de buscar algo interesante que echarse a los bigotillos. De un zarpazo empezó a rasgar una bolsita enterrada que malamente pude quitar de entre sus patas conteniendo papel mojado con la tinta diluida por la humedad del suelo. Aún habiendo transcurrido treinta años, de inmediato reconocí la letra. Tal como ella de discreta y diminuta. En el reverso de la fotografía unas palabras que me reservo hicieron que la añorase un poco más aún. Tanto que ni yo lo creía posible.

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