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“Aún no le había cortado la etiqueta a la vida estrenada cuando ya tocaba devolverla como un guiñapo. Tenía un cuerpo roto en venta después de tragar mucha bilis en corto plazo de tiempo. La promesa de una vida lineal al otro lado del charco se había ido torciendo sin parar de hacer acopio de decepciones junto a montoneras de sexo consentido sinsentido. Al bajar las ventanillas de los coches, mecanizaba servicios como queriendo congelar su desprecio. En aquella ocasión él le miró distinto y a los ojos, alimentando la ilusión de dejar de ser mercancía inmigrante. Sólo con eso le hizo la más alta dama colombiana. Y fue para siempre”. (Microrrelato ganador III Concurso de Microrrelato y II Concurso de Fotografía del Día de la UNED de Vitoria-Gasteiz)

ALTURITAS

En la piscina los chavales han saltado en bomba molestando y salpicando al igual que siempre. Sus hermanos pequeñines desnudos por la hierba corret ean mojándose divertidos con una regadera de juguete. Las tardes de verano como es habitual han hecho olvidar el día de la semana que es. Las siestas en la playa orientadas al sol de mediatarde con el libro medio caído sobre el pecho empapan de fácil hedonismo como cada estío. Después de un breve recreo protegidos por la hierba y la arena hemos jugando a las alturitas hasta que la vuelt a a lo conocido al poner los pies de nuevo en el cemento ha precipitado el regreso. Con el runrún de ruedas de maletas por aceras y el gorgoteo de fr igoríficos vacíos se avecina un retorno masivo. Sonrisas robadas en bocas tapadas con trapo y escondidas hasta mejor ocasión tras el corto receso que desemboca en septiembre. Un portazo de realidad vírica para seguir jugando un rato más a prueba y error; a sputnik y fumanchú. ...