Entradas

  RÉQUIEM     No porque no me quisieran. Eran encantadores conmigo. Pero el año que atrasé morirme me puse tan inaguantable que me quedé solo en mi silla de ruedas y con la piedra de lapislázuli debajo de las nalgas que siempre me dio suerte como compositor. En sueños me veía catapultado hacia la nada como el piloto eyectado de un avión en barrena, y en cuanto amanecía volvía la calma y todos eran serviciales otra vez. Algo tendré que hacer o perderé mi mala reputación. Tengo que ponerme manos a la obra y terminar mi Réquiem. Ahora ya, los royalties son lo de menos.
  CASA AMPARO     Sus textos serán insufribles. El menú a tiza se escribirá con faltas en la pizarra: patatas a la importancia, cazón en adobo, y flan de café. La ensalada, igual que el verbo, poco ilustrada. Por siete euritos es lo que hay. El San Jacobo subió a los altares hará unos años. Las angulas de pobre se dejaron ver en alguna ocasión. Cuando asoma en la comanda el bonito en escabeche es un día de fiesta.   Pero si se acercan sabrán que los parroquianos suspiran por los guisos y favores diarios de doña Amparo. En su regazo se sienten en casa.
    MENORES PRIMOS   El agente le señala la fila de menores. El número tres obedece y se pone el tercero. Tiene complejo de impar y fama de primo. Odia dividirse por el mismo y se le nota algo quebrado por ser el tercero en discordia. En la cola el número dos le mira altivo de reojo. Par, perfecto y académico. Dicen las malas lenguas que es un poco binario.   Altanero llega el uno, siempre exponencial, con raíz exacta y elevado a su máxima potencia. Justo entonces el niño rompe el cuadernillo de vacaciones y todos se multiplican por cero.
  MALA PRENSA     El periódico lo es todo para ella. Igual que sus dos bancos. El del parque de la avenida de la Luz, donde el rosicler de la aurora le invita a buscar una y otra vez la noticia del atropello, y el de crédito de la calle Infanta donde dormita.   Llegan las doce de la noche y la demencia parece apaciguarse. Ya no busca las siete diferencias del pasatiempo. Entra en duermevela justo cuando el mundo y la razón le arropan tapándole con sus páginas. Mañana será otro día.
  EFECTO DOMINÓ   Nadie pudo recordar el orden correcto de las cosas. Se había averiado el algoritmo y la carta pantone de colores estaba revuelta. Los empleados de banca amables y la gente sin hablar del tiempo en el ascensor, ayudando con la compra.   Antes las semanas empezaban por lunes y los números por uno. Ahora siempre es viernes tarde, con la expectativa brotando y todo al siete.   Dicen que en América un hombre se negó a cumplir una orden y surgió el efecto dominó en la baraja de los sucesos. Yo apostaría que fue por lo del eclipse. Igual soy un romántico.
  PATRICIOS Y PLEBEYOS   Con sus flamantes nombres en latín los trillizos Marco, Aurelio y Quinto chupeteaban los helados aquella tarde de junio ante la indiferencia de su cuidadora peruana ocupada en chatear con el novio. Chorretones de vainilla, chocolate y mandarina pringaban antes inmaculados polos hasta tapar los logos escondiendo cocodrilos. El vaivén de los columpios que el niño Atila empujaba con furia bárbara lo auguraba. En el fragor de la batalla, quebrada la estructura, nadie salió indemne al hacer la gravedad su trabajo. El suelo igualó a patricios y plebeyos. Agripina vio todo desde su cochecito capota pero no soltó ni mu.
  NUDOS   Cuando encienda el volcán de sus bajos instintos yo ya estaré en Punta Cana. O más lejos, lejísimos. Que sea otra mojigata la que aguante sus caprichos vespertinos. Mis interminables tardes con la misma retahíla durante seis años. Su dichoso ritual de shibari. Muy saturada de los nudos gordianos, de las suspensiones y de los juegos extremos. El nudo se le hará en el estómago con la deuda de la visa que le ha quedado. Pero ese es otro cantar. Ahora seré yo la experta en atar la hamaca a las palmeras.