MARATÓN DE ATENAS Atenas y sus calles, donde una decadencia innegable en aceras y grafiteadas paredes era constante, me llevó a pensar que acaso sobrevivía mejor el mármol milenario que las losetas contemporáneas. Pienso en los filósofos que recorrieron estos mismos pasos al subir el monte Licabeto, y tras llegar a la cima en la ermita de San Jorge el pantocrátor que allí se exhibe parece mirarme escéptico. Enciendo la oportuna velita, -por lo que pudiera ayudar-, y formulo un deseo. A pesar de todo, y ya bien entrada la noche, no estoy para bailar la música que interpretan los músicos en Monastiraki, pero sí me impregno del animado ambiente del mercadillo y las tabernas. Mañana de maratón: mientras el autobús se aproxima a la salida, las imágenes de los días previos se me van apareciendo: la figurita del hoplita mutilado del museo Benaki, los ojos gore de los corderos colgados en el Mercado Central o la advertencia...