PATRICIOS Y PLEBEYOS
Con sus flamantes nombres en latín los
trillizos Marco, Aurelio y Quinto chupeteaban los helados aquella tarde de
junio ante la indiferencia de su cuidadora peruana ocupada en chatear con el novio.
Chorretones de vainilla, chocolate y mandarina pringaban antes inmaculados
polos hasta tapar los logos escondiendo cocodrilos. El vaivén de los columpios que
el niño Atila empujaba con furia bárbara lo auguraba. En el fragor de la
batalla, quebrada la estructura, nadie salió indemne al hacer la gravedad su
trabajo. El suelo igualó a patricios y plebeyos. Agripina vio todo desde su
cochecito capota pero no soltó ni mu.
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