NUDOS

 

Cuando encienda el volcán de sus bajos instintos yo ya estaré en Punta Cana. O más lejos, lejísimos. Que sea otra mojigata la que aguante sus caprichos vespertinos. Mis interminables tardes con la misma retahíla durante seis años. Su dichoso ritual de shibari. Muy saturada de los nudos gordianos, de las suspensiones y de los juegos extremos. El nudo se le hará en el estómago con la deuda de la visa que le ha quedado. Pero ese es otro cantar. Ahora seré yo la experta en atar la hamaca a las palmeras.

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