MALA PRENSA
El periódico lo es todo para ella.
Igual que sus dos bancos. El del parque de la avenida de la Luz, donde el
rosicler de la aurora le invita a buscar una y otra vez la noticia del
atropello, y el de crédito de la calle Infanta donde dormita. Llegan las doce de la noche y la demencia
parece apaciguarse. Ya no busca las siete diferencias del pasatiempo. Entra en
duermevela justo cuando el mundo y la razón le arropan tapándole con sus
páginas. Mañana será otro día.
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