RÉQUIEM
No porque no me quisieran. Eran
encantadores conmigo. Pero el año que atrasé morirme me puse tan inaguantable
que me quedé solo en mi silla de ruedas y con la piedra de lapislázuli debajo
de las nalgas que siempre me dio suerte como compositor. En sueños me veía catapultado
hacia la nada como el piloto eyectado de un avión en barrena, y en cuanto
amanecía volvía la calma y todos eran serviciales otra vez. Algo tendré que
hacer o perderé mi mala reputación. Tengo que ponerme manos a la obra y
terminar mi Réquiem. Ahora ya, los royalties son lo de menos.
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