MENUDENCIA
Tan fuertes, conectados,
soberbios y preocupados por sus primas de riesgo los pequeños dioses
del norte, con su internet de las cosas, su 5G y prepotencia de
nuevos ricos apenas repararon en el cambio de escena que se les venía
encima haciendo de la vida un sucedáneo.
Una menudencia
invisible, rebotada de Oriente lo fagocitó todo a mordiscos
haciéndoles entonar a capella el dime de qué presumes.
Y de pronto se metieron
en su caparazón de tortuga bajo arresto domiciliario y sus mañanas
fueron justo pinceladas de fugaces escapadas clandestinas rehuyendo
a metro exacto de distancia del semejante, con miradas desconfiadas
de sospecha. Tan solo les aliviaban costumbres casi olvidadas y
balcones abiertos llenos de aplausos nocturnos.
Intentaron espantar los
demonios con dosis de gel hidroalcohólico , toda vez que afloró lo
peor y mejor de cada uno; tanto estigmas como lazos solidarios. Así,
octogenarios resignados convivían junto a héroes de batas de color
blanca, azul, verde o rosa a los que se unían en primera línea de
fuego reservistas habilitados y tenderos tras mostradores de tiendas
de barrio.
Confinados, con finados
que los enmudecieron de los que lloraron la pérdida ya sin abrazos
ni siquiera adioses cremaron a sus íntimos Brochazos de
sentimientos encontrados fluyeron a borbotones.
Con durísimo combate
cuerpo a cuerpo se minimizó al enemigo hasta creerlo liquidado.
Pasaron los días de las
idus de marzo y alguno más, cuando sopló de repente un poco de aire
muy fresco y diferente, aún cuando el invierno ya había cedido su
sitio a la primavera. Para entonces aguas y cielos parecían
limpiarse como queriendo corregir el daño sufrido.
El cambio de tercio
retomó el orden de las cosas. Olvidaron el desasosiego y aparcaron
el salvador gesto antiséptico del lavamanos, letanía común de
aquellos días.
Desmontaron las
barricadas e indulgentes con el miedo en su cruce de miradas lo que
había sido un choque de codos frío exaltó el cálido choque de
manos. También creyeron ilusos retroceder a la casilla de salida
previa a la distopía, una vez valorados daños.
El dinero fue inyectado
al no poderse inyectar olvido ni esperanza, y en su gran mayoría
enfocaron nuevamente la brújula y los calendarios de pared hacia la
canalla y confortable conocida alienación de antaño.
Aquella nanométrica
menudencia se disipó hasta esconderse; solo esconderse.
@tiopanchete
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