TABACO DE LIAR
A menudo me acuerdo de papá. Si me cruzara con él le contaría que
la galerna de su partida llegó a la playa deshecha como espuma de recuerdos. Le
diría que su nieto hoy ha firmado ilusionado el primer contrato indefinido con
ojos donde aún los sueños no limitan. Susurraría a su oído que hemos dejado de
besar el pan cuando se cae, pero que en los malos momentos todavía me santiguo a
escondidas, no vaya a ser que nos traiga suerte. Aquella chavala que fui, se
mira hoy al espejo y ve a una madre que le cuesta resignarse a los cambios de su
vida y de su cuerpo. Si le tuviera cerca le diría cosas que siempre quise
decirle y no hice. Le soltaría lo tramposo que era, pero que también me gustaba
cuando entreleía en los ojos de la gente como heredero de alguna destreza
antigua. Cuando parecía haber perdido su picardía y rogaba con la mirada no ser
arrinconado por viejo; la misma mirada que seguro será la mía en cuatro décadas.
Nuestros caminos han sido estos años como líneas secantes: Mi futuro parecía una
naranja dulce a exprimir. Su pasado siempre ausente y extravagante. Un misterio
grande como la incógnita a despejar de una ecuación. Aún le recuerdo con su
tabaco de liar en la boca dibujando figuras de humo y contando una aventura en
cada voluta. Liar es ese verbo que le retrata perfecto. Al pensarle me he puesto
blandita. La textura algodonada y cremosa de un flan de café, su favorito, esa
soy yo. Cierro los ojos repantingada en el sofá de chenilla verde que él trajo
del pueblo. Ese tan feo que decía que volvería a estar de moda porque todo
vuelve. Aún les espero a los dos. Rememoro las soluciones canallas que daba a
todo agitando ese veloz cerebro de carrusel. Imposible olvidar el día que se
puso a robar en casas de empeño creyendo que eran todas aquellas joyas de
nuestra familia. Siempre la cinta roja que abre el paquete de galletas. El mayor
de los liantes. Se me han hecho las tantas aquí tirada deshilachando recuerdos
como una pescadilla sin cola que morderse. El pasado debiera de estar cerrado
con lacre. Esta noche de junio de dos mil veinticinco las cosas se van
complicando y al puñetero ordenador le ha dado por ponerse imposible con ese
persistente “error 404 página no encontrada”. Tanto internet como las hojas
excel de los presupuestos se van a ir a la M un rato. Apenas he podido trabajar
y no sé si ahoga más la hipoteca o este tiempo tan seco de estos días. De
repente llaman a la puerta. Vaya horas. No espero nunca a nadie. Papá todavía no
se me va de la cabeza. ”Paquete de Amazon”. Seguro que se han equivocado de
mano. No. Es raro que venga de Estados Unidos algo a mi nombre. Acepto y firmo
con un garabato. Es abrirlo y poner la misma cara de gilipollas que la de
Benjamín Franklin que veo repetida una y cientos de veces en los billetes de
cien dólares del interior del envío. La noche parece que va refrescando un poco.
(Actividad Cursillo Cuentos CC Aldabe Junio 2025 Vitoria-Gasteiz )
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