“Aún no le había cortado la etiqueta a la vida estrenada cuando ya tocaba devolverla como un guiñapo. Tenía un cuerpo roto en venta después de tragar mucha bilis en corto plazo de tiempo. La promesa de una vida lineal al otro lado del charco se había ido torciendo sin parar de hacer acopio de decepciones junto a montoneras de sexo consentido sinsentido. Al bajar las ventanillas de los coches, mecanizaba servicios como queriendo congelar su desprecio. En aquella ocasión él le miró distinto y a los ojos, alimentando la ilusión de dejar de ser mercancía inmigrante. Sólo con eso le hizo la más alta dama colombiana. Y fue para siempre”. (Microrrelato ganador III Concurso de Microrrelato y II Concurso de Fotografía del Día de la UNED de Vitoria-Gasteiz)

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