ALTURITAS

En la piscina los chavales han saltado en bomba molestando y salpicando al igual que siempre. Sus hermanos pequeñines desnudos por la hierba corret ean mojándose divertidos con una regadera de juguete. Las tardes de verano como es habitual han hecho olvidar el día de la semana que es. Las siestas en la playa orientadas al sol de mediatarde con el libro medio caído sobre el pecho empapan de fácil hedonismo como cada estío. Después de un breve recreo protegidos por la hierba y la arena hemos jugando a las alturitas hasta que la vuelt a a lo conocido al poner los pies de nuevo en el cemento ha precipitado el regreso. Con el runrún de ruedas de maletas por aceras y el gorgoteo de fr igoríficos vacíos se avecina un retorno masivo. Sonrisas robadas en bocas tapadas con trapo y escondidas hasta mejor ocasión tras el corto receso que desemboca en septiembre. Un portazo de realidad vírica para seguir jugando un rato más a prueba y error; a sputnik y fumanchú.

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