GENOVEVA LA DEL QUINTO
(Memorias impúdicas de un viejo colchón)
(Memorias impúdicas de un viejo colchón)
Genoveva la del quinto , la mujer de Ambrosio el jardinero de Malasaña, cada noche busca solaz en mí. Exactamente encima mío. Ya no soporto más la situación. No por sus ciento veinte kilos de peso, no, a eso cualquiera se acostumbra. Es ése olor fétido y nauseabundo que deja en mis tejidos lo que más detesto. En nuestro contacto íntimo soy yo quien lleva las de perder de todas todas. Cuando se hunde en mí daría dinero por fundirme con ella cual mantis religiosa en una suerte de abrazo mortal y devorarla. Nunca tuve un instinto asesino igual, a pesar de no tenerme por blando, ni siquiera con su hija Charito, la fresca, que retozaba casquivana con sus tres amantes ocasionales. El imbécil de Ambrosio, ajeno a los hechos, duerme recostado de medio lado soñando con sus sauces llorones mientras yo padezco todo en silencio.
Hasta aquí la situación, ahora la solución: ésta noche, cuando se acerque a mí con su salto de cama lila desteñido, el de las grandes ocasiones, prometo venganza. Nada más alcanzar el duermevela procuraré engullirla para los restos como que me llamo colchón. No tengo otro modo de hacerlo que no sea el ahogamiento. Ojalá que en sus últimos estertores no agite sus sudadas y peladitas manos pidiendo auxilio porque el jardinero que a su lado yace tiene el sueño más profundo y tosco que jamás vi. Cuento con que cuando yo la engulla tendré por cómplice al cabecero metálico de la cama, que ya está debidamente informado de mi plan y sus tornillos de sujeción convenientemente liberados. Así me voy a quedar yo también después del óbito. Mullido, viscoelástico y feliz, lo que siempre añoré ser y para lo que fui fabricado. A mi plin ...
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